sábado, 1 de octubre de 2011

Paradigmas de la ciencia e investigación Social

Teniendo en cuenta que tal y como lo plantea el Diccionario de la Real Academia Española (2001) investigar consiste en “realizar actividades intelectuales y experimentales de modo sistemático con el propósito de aumentar los conocimientos sobre una determinada materia”, el hombre ha estado inquiriendo la naturaleza, tanto en lo físico y metafísico como en lo social.
En este sentido, indistintamente de los métodos y/o herramientas de las que se valga el hombre para responder las preguntas que se propone al momento de iniciar un proceso de investigación, históricamente han existido dos maneras de hacerlo, una que resultó dominante durante muchas centurias y que fue la lógica aristotélica mediante el uso de silogismos, de la que se valió la iglesia para construir y solidificar sus dogmas, que posteriormente se denominaría escolástica y otra que se fundamenta en la razón para algunos y en la empírea para otros y que se denomina científica.

En los años setenta del pasado siglo, el científico norteamericano Thomas Kuhn plantea que la creencia en la que una comunidad cimienta sus pensamientos se denomina paradigma o en sus propias palabras “realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica.” (2004). Esto quiere decir que un paradigma está compuesto por una serie de supuestos previos que lo sustentan, y sobre los cuales se edifican teorías que pretenden dar sentido, y dependiendo del nivel de abstracción, permiten desde describir hasta explicar el hecho o fenómeno sobre el que se esté investigando.

Ahora bien, algunos historiadores consideran que el punto de quiebre a partir del cual se deja de hacer investigación escolástica para empezar a hacer investigación científica es el siglo XVII con la publicación del discurso del método por el filósofo y matemático francés Rene Descartes, para quien no era a través del uso de silogismos partiendo de los dogmas religiosos sino a través de la razón, la forma más adecuada de llegar a la verdad.

La verdad es uno de los temas más discutidos históricamente por filósofos y científicos, y grosso modo no es más que la condición de validez de la que dispone el conocimiento para que pueda considerarse como aceptable sino por todos, al menos por la mayoría y no es refutable. Ahora bien, indistintamente de la posición filosófica que se pueda tener respecto a qué es verdad, es indudable que a partir del momento en que las nuevas investigaciones empiezan a producir argumentos tales que despiertan dudas en cuanto a la validez de una teoría o un paradigma, que se produce lo que Kuhn denomina revoluciones científicas.
Al hablar de revolución se habla de un cambio que puede ser sencillo o profundo y al igual que las revoluciones políticas, modifica todas las estructuras hasta el momento existentes. En este sentido, así como las revoluciones políticas producen cambios en lo político, en lo social, etc. Las revoluciones científicas producen cambios en las teorías, conceptos, acepciones, etc. Que hasta el momento una comunidad determinada de científicos estuvieron utilizando.

Así como el siglo XVII asistió a la revolución científica por sobre la escolástica, como paradigma para acceder a la verdad, el siglo XX asistió varias revoluciones dentro de la misma ciencia entre los que encontramos el movimientos neopositivista y el movimiento postpositivista. Algo que comparten todas las revoluciones científicas es lo que Kuhn denominó la inconmensurabilidad de conceptos.

Un ejemplo claro lo podemos ver en el campo de la educación, donde influenciados por los avances en las teorías cognitivas, dentro del paradigma conductista, se entiende el aprendizaje como la concatenación pasiva por parte del individuo de estímulos-respuestas de manera continua, mientras que dentro del paradigma constructivista, se entiende como la construcción activa por parte del individuo de esquemas cognitivos a partir de la integración y/o acomodación de la nueva información, y que además, está influenciada por el entorno tanto físico como social. Aquí se puede observar claramente como dentro de una comunidad científica, un mismo concepto, tiene no solo acepciones diferentes, sino fundamentos totalmente diferentes, lo que lo hace ser inconmensurable y por ende, visiones o paradigmas diferentes de una misma realidad.
Es importante destacar que a pesar de que la mayoría de los conceptos básicos de una comunidad científica se sigan usando al cambiar de paradigma, la aparición de un nuevo paradigma no anula inmediatamente al otro, es decir, ambos paradigmas van a estar conviviendo durante un tiempo dentro de una determinada comunidad científica, y será la capacidad de respuesta que brinde el nuevo paradigma y el desuso de los postulados del viejo paradigma lo que provocará la rapidez con la que desaparecerá.

En este sentido, la investigación social en tanto pretende dilucidar aquellos aspectos relativos a las personas y como estas se comportan ya sea individualmente o en masas, ha sido la más afectada por las revoluciones científicas más recientes.

Históricamente, toda investigación social se hizo desde la teología hasta que a principios del siglo XIX Augusto Comte publica su filosofía positiva donde plantea fundamentalmente la necesidad de cosificar las acciones humanas en tanto hechos sociales que pueden y deben ser abordados por el investigador como un observador externo cuya función es registrar y analizar de manera objetiva dichos hechos. Esta concepción tanto de la realidad social como de su abordaje científico, dominó todo el siglo XIX, fue remozada a principios del siglo XX por el círculo de Viena a partir de los aportes en cuanto a la importancia del análisis del lenguaje para comprender la realidad hechos por Wittgenstein en el tratado lógico-filosófico, y empezó a ser duramente criticada a mediados del propio siglo XX por pensadores como Popper, Lakatos, Kuhn y el propio Wittgenstein para quien la interpretación de sus ideas hechas por el circulo de Viena era incorrecta en tanto la pretensión de desarrollar un lenguaje universal propuesta por los neopositivistas resultaría infructuosa, pues el lenguaje está íntimamente relacionado con las condiciones socio-históricas de la comunidad que lo utilice, lo que elimina la universalidad del lenguaje como categoría para analizar la realidad.

Aunado a esto, la visión positivista de la realidad supone la necesaria cuantificación objetiva de los hechos y su posterior análisis mediante técnicas matemáticas como la estadística, dejando por fuera otros datos de carácter más cualitativo que si bien no se pueden estandarizar de la misma manera que los datos cuantitativos, ofrecen tanta o más información de la realidad analizada.

En este sentido, es a partir de la década de los 70 del pasado siglo que empieza a emerger una nueva visión de las ciencias sociales que algunos denominan interpretativismo, según la cual si bien los hechos objetivos resultan importantes, toda investigación, al ser hecha por personas, tiene una marcada carga de intereses y de subjetividades inherentes al sujeto que investiga, y si a esto se le suma que el objeto de estudio también son personas, entonces sus subjetividades e intereses impactarán de una u otra manera los resultados obtenidos lo que hace de la objetividad algo difícil de alcanzar, por lo que proponen aproximaciones más bien cualitativas despreciando totalmente las aproximaciones cuantitativas en tanto ponen en tela de juicio todas sus concepciones al poner en duda la objetividad estadística como criterio de validez.

Finalmente, durante este comienzo de siglo XXI estamos asistiendo al surgimiento de un nuevo paradigma denominado por algunos como holístico (Hurtado, 2008). Este paradigma emergente, considera que si bien los datos meramente cuantitativos no resultan suficientes para comprender la realidad, una aproximación meramente cualitativa resulta insuficiente al momento de tomar decisiones más allá del acto académico, por lo que se propone una visión más ecléctica de la investigación donde se combinen métodos y técnicas tanto cualitativas como cuantitativas para ampliar el espectro de probabilidades, pudiendo así acercarse un poco más a la tan ansiada verdad buscada por todo investigador.

Referencias:

Hurtado, J. (2008) El proyecto de investigación. Comprensión holística de la metodología y la investigación. 6° Edición. Sypal, Caracas.
Kuhn, T. (2004) La estructura de las revoluciones científicas. 8° Reimpresión. FCE, Argentina.
Real Academia Española (2001) Diccionario. 21° ed. Disponible en red. http://rae.es/rae.html