domingo, 16 de octubre de 2011

Pensamiento científico contemporáneo

El pensamiento científico contemporáneo está signado por el impacto que sobre las diversas disciplinas y ciencias tienen las neurociencias y las llamadas inteligencias múltiples.

En este sentido, dado que la ciencia y el método científico en general se fundamentan en lo perceptible a través de nuestros sentidos, ha sido de especial importancia para algunos científicos dilucidar precisamente cómo funcionan nuestros órganos sensoriales, y más específicamente cómo funciona nuestro cerebro en tanto órgano que se ocupa de decodificar y dar sentido y en cierta medida coherencia a la información que recibimos del ambiente. Como plantean Bear, Connors y Paradiso (2008)
El termino <<neurociencia>> es joven. La Society for Neuroscience, una asociación de neurocientíficos profesionales, se fundó recientemente, en 1970. No obstante, el estudio del cerebro es tan antiguo como la propia ciencia. Desde un punto de vista histórico, los científicos dedicados a comprender el sistema nervioso procedían de disciplinas científicas diferentes: medicina, biología, psicología, física, química y matemáticas. La revolución de la neurociencia se inició cuando estos científicos se dieron cuenta de que la mejor esperanza de comprender la forma de funcionar del cerebro procedía de un enfoque interdisciplinario, combinando los enfoques tradicionales para generar una nueva síntesis, una nueva perspectiva.
En este orden de ideas, a partir del estudio del cerebro desde diversas disciplinas se pretende dar una respuesta más empírica a preguntas como el cómo y el porqué de las conductas, los comportamientos y el aprendizaje entre muchas otras variables de corte fundamentalmente psicofísiológicas como lo son las patologías. De acuerdo con Bear, Connors y Paradiso (2008), la neurociencia fundamenta su aproximación científica a la realidad a partir de un método que consta de los siguientes cuatro pasos:
  1. Observación: este paso tiene que ver con la comprobación de hipótesis establecidas por el investigador a partir del diseño de experimentos que lo pueden llevar a negar o no la hipótesis establecida, y llegar a una conclusión esperada, o descubrir algo totalmente diferente e inesperado.
  2. Reproducción: los resultados de lo observado por el investigador, debe poder ser reproducido por otros científicos en otros ambientes por lo que lo que se busca es el establecimiento de experimentos lo suficientemente claros y específicos como para que puedan ser reproducibles por otros investigadores.
  3. Interpretación: a pesar de que los investigadores deben generar experimentos lo suficientemente definidos como para que puedan ser reproducidos por otros investigadores en otros lugares y tiempos, es importante destacar que el investigador debe brindar una interpretación con respecto a esos datos que dependerá básicamente de sus ideas preconcebidas.
  4. Verificación: la verificación será lo que permitirá el establecimiento de hechos científicos, por lo que el observador original, deberá dejar la mayor cantidad de detalles en cuanto a las variables tanto controlables como no controlables que formaron parte de la investigación lo que permitirá que las interpretaciones puedan ser confirmadas y por ende el establecimiento de hechos científicos estables.
Esto sin duda alguna marca una diferencia en cuanto a la forma de entender la ciencia, pues a pesar de que se investiga sobre el cerebro con el objeto de dilucidar cómo funciona y a partir de allí explicar cómo funcionamos y por ende acercarnos mejor a quienes somos, no se aspira a construir verdades universales, en tanto están conscientes de que una serie de variables psicológicas, biológicas, históricas y sociales, algunas veces controlables y otras veces no, intervienen en su funcionamiento por lo que los resultados de un experimento, pueden ser validos en un contexto espacio-temporal determinado, más no en otro.

Fue precisamente en este contexto en el que diversas disciplinas se integraron para hacer un estudio integral del cerebro a fin de dar respuestas a las preguntas que la gnoseología no había podido responder hasta el momento, que el físico y neurocientífico norteamericano Paul McLean propone la teoría del cerebro triuno. De acuerdo con esta teoría, el cerebro posee básicamente tres niveles de funcionamiento que son el reptil, el límbico y el neocortical.

El cerebro reptiliano se ocupa de elicitar las conductas más básicas inherentes a las necesidades fisiológicas (comer, dormir, reproducirse…), la sobrevivencia, el dominio territorial... y tal como plantean Beauport y Díaz (2008) este se caracteriza básicamente por comportamientos como la imitación, el comportamiento innato, el comportamiento engañoso, la rutina, la repetición y la reconstrucción.

Con respecto a la imitación plantean que es la habilidad que tenemos de emitir una conducta o ejecutar un comportamiento visto en otra persona considerada exitosa a fin de alcanzar dicho éxito, motivo por el cual, esta característica está íntimamente relacionada con la necesidad básica de los humanos de ser aceptados por otros, y así poder pertenecer a un grupo aumentando las probabilidades de autopreservación.

Por otro lado, el comportamiento innato, tiene que ver con la respuesta incontrolada que emite una persona ante un determinado estímulo, y está determinada por “huellas” que no son más que los recuerdos de una persona o de un momento o momentos determinados en la vida del individuo que lo marcan de por vida, o utilizando sus propias palabras “frecuentemente, al trabajar con individuos en circunstancias problemáticas de su vida adulta, he visto cómo a su dificultad se le puede seguir la pista hacia atrás en un periodo crítico.” (Beauport y Díaz, 2008).

En este mismo orden, la decepción o comportamiento engañoso, resulta un comportamiento básico y fundamental para la sobrevivencia en tanto le permite al individuo aplicar las estrategias adecuadas para alcanzar una meta determinada de la misma manera que un jugador de cualquier deporte engaña al del equipo contrario, o los ejércitos en la guerra cuando utilizan estrategias para confundir al enemigo a fin de ganar en tiempo y espacio o cumplir con las metas requeridas para alcanzar la victoria.

Las rutinas no son más que las actividades o conjunto de actividades que ejecutamos de manera constante, y son importantes y en ocasiones fundamentales para la supervivencia. El establecimiento y seguimiento de rutinas, en algunos momento determina la constancia que pueda tener una persona para alcanzar una meta, de hecho “la atención asidua de un pájaro haciendo un nido y la cooperación de las hormigas cargando alimentos son sólo dos ejemplos” (Beauport y Díaz, 2008). Esto permite explicar la programación por llamarlo de alguna manera que tienen algunos profesionales como por ejemplo los bomberos o cualquier otro tipo de rescatista, o un investigador que con una frecuencia relativamente constante (diario, interdiario, semanal…) realizan una serie de actividades inherentes a su trabajo, que más allá de garantizar la experticia necesaria, podría significar la diferencia entre la vida y la muerte en un momento dado en el caso del bombero, o la posibilidad de concluir con éxito una investigación en el caso del investigador.

Con referencia a la repetición Beauport y Díaz (2008) plantean que “McLean también hace referencia a que las repeticiones son utilizadas como desplazamiento, es decir, cuando el comportamiento no es apropiado a la situación”, es decir, la repetición es la ejecución constante de un conjunto de actividades de manera continuada, y en cierta medida está relacionada con el mantenimiento de la rutina indistintamente de las condiciones socio-ambientales que circunden al individuo, planteando como ejemplos claros que “el pájaro empolla aunque el peligro está cerca” y el hecho histórico de que “María Antonieta… continuaba sus rituales evitando así darse cuenta de la inminente Revolución Francesa” (Beauport y Díaz, 2008)

Finalmente la reconstrucción o la repetición de actuaciones pasadas, como el caso de diversas tortugas marinas que retornan a los mismos sitios a desovar aún y cuando se encuentren a miles de millas de distancia, o la repetición de patrones de conducta como por ejemplo las adicciones tiempo después de haber sido consideradas como superadas, son comportamientos regidos por este cerebro.

A modo de conclusión con respecto al cerebro reptil, y de acuerdo con lo planteado anteriormente, se puede decir que el cerebro reptil es el que se ocupa de generar nuestros patrones de comportamiento a fin de generar estadios de confort en los cuales podamos desenvolvernos de manera cómoda y constante. Motivo por el cual el establecimiento de rutinas, los comportamientos innatos, la repetición y la reconstrucción, considerados inconscientes en tanto su establecimiento no necesariamente tiene que ver con aspectos razonables, son los comportamientos que en mayor medida nos acercan al resto de los animales con los que compartimos el mundo.

En un nivel superior de evolución se encuentra el llamado cerebro límbico que es el encargado de gestionar nuestras emociones. A este respecto, se puede considerar como sumamente pertinente el planteamiento de Beauport y Díaz (2008) para quienes:
Las emociones pueden ser entendidas como las vibraciones del cerebro límbico, la energía que gobierna la salud de todos los órganos de nuestro cuerpo incluyendo el corazón y las entrañas. El conocimiento de su importancia central nos permite concederle a las emociones un estatus que anteriormente le otorgábamos solamente a los pensamientos y las acciones. Nuestra nueva comprensión del cerebro límbico nos puede ayudar a descubrir la información que aporta cada una de nuestras emociones, tal como hacemos con nuestros pensamientos. Pero debemos recordar que las emociones no son pensamientos. Las emociones son un fenómeno cerebral; y de la misma manera como una vez nosotros aprendimos y elaboramos el proceso del pensamiento, ahora podemos aprender y elaborar un proceso emocional completo.
En este sentido, el valor de la cita radica en el hecho de que nos recuerda que las emociones son constructos mentales complejos que son diferentes de los racionales en tanto no parten de la construcción lógica, motivo por el cual tienden a ser consideradas irracionales, y al igual que el cerebro reptil puede determinar la decisión que tomamos en una situación extrema y ser esta considerada como inconsciente, el cerebro límbico puede determinar la decisión que tomemos en una situación donde predomine lo emocional y ser ésta considerada como irracional.

Así pues, nuestro cerebro reptil pretende guiarnos a la construcción de estadios de confort tanto psicológico como físico impulsándonos a la generación de patrones de conducta orientados básicamente a la sobrevivencia en ambientes naturales o sociales que pueden ser considerados como hostiles por el individuo, el cerebro límbico nos impulsa a la creación de estadios de confort para nuestra vida interior en tanto “son nuestros estados de ánimo, nuestras emociones más que nuestros pensamientos, los que gobiernan directamente la salud de los órganos de nuestro cuerpo… el propósito de las emociones puede ser darnos información que no asimilamos a través del pensamiento.” (Beauport y Díaz, 2008)

En otro orden de ideas, es el neocortex o cerebro racional el que nos separa definitivamente del resto de los animales pues nos da la capacidad de pensamiento del que hasta ahora solo se ha podido detectar como posible en los humanos. En este sentido, en una división muy básica, se considera que el neocortex está compuesto por dos hemisferios (izquierdo y derecho) unidos por un cuerpo calloso. También hay quienes dividen estos hemisferios en lóbulos (frontal, parietal, occipital y temporal), empero indistintamente de la división que se utilice, la intención de hacerlo es la de establecer qué zona específica del cerebro se ocupa de qué actividad, siendo Gall y Broca los pioneros en el establecimiento de estos criterios en el siglo XIX.

En este sentido, se considera por ejemplo que el hemisferio izquierdo es el encargado de todos los procesos mentales relacionados con los aspectos lógico-racionales de la vida, mientras que el derecho está más bien dedicado a los aspectos creativos y artísticos. Esto impulsó el establecimiento por parte del psicólogo norteamericano Howard Gardner de la teoría de inteligencias múltiples determinando en un primer momento las siguientes ocho inteligencias: lógico-matemática, lingüística, espacial, musical, corporal o kinestésica, intra e inter personal, y la naturalista. (Luca, 2002)

Este enfoque rompe con el paradigma de inteligencia pura que hasta el momento se venía teniendo, y que además estaba fuertemente orientado a los aspectos lógico-matemáticos de la realidad, lo que lo hacía insuficiente para explicar porqué algunas personas eran mejor que otras para realizar algunas actividades que exigían más creatividad y arte que lógica y viceversa. De hecho, un acercamiento a esta concepción de la inteligencia ya la había hecho McClelland cuando propone “medir competencia en lugar de inteligencia” en 1973 al criticar fuertemente el uso de test de inteligencia estandarizados como criterio para la selección de personas en las organizaciones, y más específicamente para predecir las probabilidades de éxito en el desempeño laboral de un individuo.

Hoy día existe una vasta literatura tanto sobre cerebro triuno como sobre inteligencias múltiples, en su mayoría escrita por psicólogos y educadores, en la que podremos encontrar diversas clasificaciones y taxonomías sobre inteligencias múltiples, empero indistintamente de cómo se les llame o clasifique, las inteligencias estarán determinadas básicamente por elementos genéticos, psico-sociales y a la historia de vida de cada individuo.

En este sentido como nos recuerda Luca (2002)
El constructo de inteligencia propuesto por Gardner supone –entro otros criterios- la existencia de un correlato neurofisiológico que justifique la existencia de ellas. De esta manera cada una de las ocho inteligencias, está ubicada en un lugar determinado de la corteza cerebral y –si este llegara a dañarse- se evidenciaría en una disminución de dicha capacidad.
Supuesto que a pesar de ser fácilmente desmontable con las nuevas investigaciones en neurociencia donde se plantea que el cerebro posee un alto grado de plasticidad o capacidad de reacomodar sus funciones en otros lugares cuando el individuo sufre algún tipo de trauma físico, resulta un avance significativo tanto desde el punto de vista biológico como psicológico en tanto permite no solo comprender mejor el funcionamiento del cerebro sino también el porqué de alguno de nuestros comportamientos desde el punto de vista físico, lo que ha abierto un gran campo de acción para mejores tratamientos de patologías psiquiátricas por ejemplo.

Todo esto lleva al último punto de este ensayo que tiene que ver con la inercia mental y la dinámica del pensamiento creativo. En este sentido, la inercia mental tiene que ver con la resistencia al cambio que asumen algunas personas o como plantea Reyes (2008)
La inercia mental es la incapacidad que tiene el cerebro para modificar su estado previo de conocimientos o de asimilar los nuevos en forma original, sin acción de fuerzas externas o de la autoreflexión. Esta se puede dar porque la intención, el interés o el deseo con que percibimos los nuevos conocimientos tienen tanto poder sobre nuestros sentidos que acomodan, desvirtúan o niegan los nuevos conocimientos, adaptándolos perceptivamente a nuestra perspectiva.
Esto quiere decir que la inercia mental no es más que la dificultad que experimentan algunas personas por diversas causas (físiológicas o psicológicas) para incorporar nuevos conocimientos o para reestructurar los ya existentes. Esto resulta particularmente negativo en estos tiempos en los que las nuevas tecnologías informáticas y telemáticas están impulsando la generación de nuevos conocimientos a una velocidad vertiginosa.

Por otro lado el pensamiento creativo implica la generación de nuevas formas, de nuevas estrategias para abordar la realidad cuando las ya existentes resultan insuficientes o no brindan las respuestas que se buscan. Este pensamiento a pesar de estar más relacionado con el lado derecho del cerebro en tanto exige de estrategias más complejas que las que puede ofrecer la lógica, más allá de estar influenciado por un hemisferio u otro del cerebro, está realmente relacionado con el cuerpo calloso, pues es la zona del cerebro que interconecta ambos hemisferios, y a pesar de no cumplir con una función específica (en tanto lógica o creativa) funge como puente entre ambos hemisferios lo que redunda en una utilización más compleja de las herramientas cognitivas de las que dispone el individuo para afrontar la realidad y responder las preguntas que le afectan.

Finalmente, estos nuevos tiempos están signados por los resultados de las investigaciones que hacen los neurocientíficos, orientando la ciencia hacia un hombre-centrismo si cabe el termino, donde desde la investigación fisiológica del cerebro, se pretende dar respuesta a una gran cantidad de preguntas que desde antaño nos venimos haciendo y que tienen que ver fundamentalmente con los porqué de nuestros comportamientos.

Referencias.

Bear, Connors y Paradiso (2008) Neurociencia, la exploración del cerebro. Lippincott Williams & Wilkins.

Beauport E y Díaz (2008) Las tres caras de la mente. ALFA. Caracas, Venezuela.

Luca (2002) El docente y las inteligencias múltiples. Revista Iberoamericana de Educación. [Documento en línea] Disponible : http://www.rieoei.org/deloslectores/616Luca.PDF