sábado, 15 de octubre de 2011

Neurociencia, cerebro triuno, inteligencias múltiples y dinámicas del pensamiento

Nota sobre los autores:
El escrito que a continuación se presenta, es el resultado de un trabajo colaborativo hecho por mi persona conjuntamente con los siguientes compañeros del postgrado:

Figuera Jennifer (jcfo1710@gmail.com)
Gómez Saiby (sai_ucv@yahoo.es)
Fernández José Luís (joselotefernandez@gmail.com)
Hernández U. Gabriel A (gahu_85@hotmail.com)

Los estudios sobre el cerebro se remontan a más desde 5000 años, donde los médicos del antiguo Egipto conocían muy bien diferentes síntomas de lesiones cerebrales. No obstante, para esa época se consideraba que la memoria y la sede del alma era el corazón. Esta concepción se mantuvo hasta en la antigua Grecia donde Hipócrates, conocido como el padre de la medicina oriental, manifestó que el cerebro no solo participaba en las sensaciones sino que era la sede de la inteligencia. Por otra parte, Aristóteles propuso que el cerebro era el radiador para enfriar la sangre sobrecalentada por el corazón, por lo tanto y de acuerdo a esta creencia, el temperamento racional de los seres humanos se explica por la capacidad de refrigeración de cerebro.

El médico y escritor griego Galeano (130-200 a.C) adoptó la visión de Hipócrates sobre las funciones cerebrales. Por medio de diferentes disecciones, Galeano trato de deducir la funciones del cerebro de acuerdo a su estructura, proponiendo que el cerebro debía ser el receptor de las sensaciones y el cerebelo el emisor de las ordenes a los músculos. Este concepto prevaleció casi 1500 años, siendo reforzada su teoría por Versalius (1514-1564) y dándoles aportes sobre el detalles de las estructuras del cerebro. Entre el siglo XVIII y XIX se realizaron avances significativos que permitieron una mejor comprensión del sistema nervioso, proporcionando de este modo una base sólida en la cual se apoya la neurociencia del siglo XX. Algunos de estos avances fueron:

·         Entre 1772 y 1775, John Walsh demostró que la electricidad parecía estar implicada en la fisiología animal; sin embargo, este autor no pudo explicar cómo la electricidad se podría almacenar en los tejidos.
·         En 1791, los trabajos de Luigi Galvani proporcionaron evidencias experimentales acerca de la implicación de la electricidad en la función neuromuscular. De acuerdo con su teoría, existe un desequilibrio entre el interior y el exterior de las fibras musculares, siendo una fibra nerviosa la que penetra en éstas permitiendo el flujo eléctrico entre los dos compartimentos.
·         A finales de siglo, los trabajos de Galvani y el biólogo alemán Emil du Bois-Reymond habían puesto de manifiesto que la estimulación de un nervio permitía inducir el movimiento de los músculos. Por lo tanto, se llegó a la conclusión que el cerebro podía generar electricidad. No obstante, una de las preguntas que se plantearon en el momento fue si las señales que llegan hasta los músculos y que causan el movimiento utilizan las mismas vías que las que registran las sensaciones.
·         A principios del siglo XIX el físico escocés Charles Bell y el fisiólogo francés François Magendi intentaron dar respuesta a esta cuestión, al asomar la posibilidad de que las dos raíces espinales transmitieran la información en direcciones diferentes, demostrando que la sección de la raíz ventral provocaba parálisis muscular.
·         Por su parte, Magendi pudo demostrar que las raíces dorsales transmitían la información sensorial hasta la médula espinal.
·         A finales de siglo, los fisiólogos alemanes Gustav Theodor Fritsch y Eduard Hitzig estimularon partes concretas del cerebro de un perro, observando que esta estimulación provocaba la contracción de músculos específicos en la parte opuesta del cuerpo del animal.
·         Por otro lado, otra de las aportaciones destacadas de este siglo fue el estudio de la localización de diferentes funciones en partes anatómicamente diferenciadas del cerebro. En 1823, el fisiólogo francés Jean-Pierre-Marie Flourens puso de manifiesto que el cerebelo tenía un papel muy importante en la coordinación motora, sugiriendo que, en última instancia, las funciones cognitivas son propiedades globales que provienen de la actividad integrada de todo el cerebro y no de regiones específicas anatómicamente diferenciadas.
·         No obstante, el austríaco Franz Joseph Gall se inclinó por la idea de que el cerebro estaba compuesto de partes especializadas. La percepción, la emoción y el lenguaje se podían localizar en diferentes sistemas neurales.
·         Por su parte, a mediados de siglo, el cirujano francés Pierre Paul Broca argumentó que el lenguaje, una de las funciones que nos distinguen de otras especies, no es una propiedad procedente del funcionamiento global del cerebro, sino que se puede circunscribirse a regiones cerebrales específicas. Broca presentó a un paciente que podía entender el lenguaje pero no podía hablar. A la muerte del paciente (1861) examinó su cerebro y observó que sólo una pequeña porción de tejido parecía dañada; esta lesión se localizaba únicamente en el lóbulo frontal del hemisferio izquierdo.

A pesar de que los estudios sobre el cerebro son casi tan antiguos como la ciencia misma, tal y como se puede desprender de lo expuesto hasta el momento, siendo abordado desde diferentes disciplinas: medicina, biología, psicología, física, química y matemáticas, el término neurociencia es relativamente joven. Este campo de estudio, brevemente definido por Mora y Sanguinetti (1994) como la disciplina que estudia el desarrollo, estructura, función, farmacología y patología del sistema nervioso, fue introducido en la lengua inglesa como término (neuroscience) entre finales de la década de los 60’s y principios de los 70’s. Por ello, de acuerdo con la opinión de Jones y Nutton (En: Mora y Sanguinetti, 1994), se puede afirmar que la neurociencia como tal es un fenómeno que se inscribe fundamentalmente en el siglo XX, a pesar de sus profundas raíces dentro del campo del conocimiento biomédico.

La revolución de la neurociencia surgió cuando se produjo un cambio de paradigma, a raíz del cual resultó evidente que la manera más eficaz de comprender la forma en que funciona el cerebro procedía desde una mirada interdisciplinaria (Bear, Connors y Paradiso, 1998), trasladándose el estudio del cerebro desde una posición periférica dentro de las ciencias biológicas y psicológicas para convertirse en el eje central de cada una de estas disciplinas. Este cambio tuvo lugar principalmente debido a que el estudio del cerebro se incorporó en un marco general de conocimiento que contaba con los avances de la biología celular y molecular, así como el surgimiento de la psicología como disciplina científica. Dentro de esta nueva línea, el alcance de la neurociencia fue capaz de abarcar desde el estudio de los genes y de las moléculas hasta la cognición y la propia mente del individuo.

Aun así, en nuestros tiempos el cerebro y el sistema nervioso en general representa un gran desafío, pero a la vez es fuente de un gran interés por parte de la comunidad científica como consecuencia de que la ciencia y el método científico en general, se fundamentan en lo perceptible a través de nuestros sentidos y más específicamente cómo funciona nuestro cerebro en tanto órgano que se ocupa de interpretar la información que recibimos del ambiente. De acuerdo con Bear, Connors y Paradiso (1998), la neurociencia fundamenta su aproximación científica a su objeto de estudio a partir de un método que consta de los siguientes cuatro pasos:

1.       Observación: este paso tiene que ver con la comprobación de hipótesis establecidas por el investigador a partir del diseño de experimentos que lo pueden llevar a negar o no la hipótesis establecida, y llegar a una conclusión esperada, o descubrir algo totalmente diferente e inesperado.
2.       Reproducción: los resultados de lo observado por el investigador deben poder ser reproducidos por otros científicos en otros ambientes, por lo que lo que se busca es el establecimiento de experimentos lo suficientemente claros y específicos como para que puedan ser reproducibles por otros investigadores.
3.       Interpretación: a pesar de que los investigadores deben generar experimentos lo suficientemente definidos como para que puedan ser reproducidos por otros investigadores en otros lugares y tiempos, es importante destacar que el investigador debe brindar una interpretación con respecto a esos datos que dependerá básicamente de sus concepciones teóricas y en general, de su formación tanto académica como personal.
4.       Verificación: la verificación será lo que permitirá el establecimiento de hechos científicos, por lo que el observador original, deberá dejar la mayor cantidad de detalles en cuanto a las variables tanto controlables como no controlables que formaron parte de la investigación, permitiendo que las interpretaciones puedan ser confirmadas o refutadas y por ende, se puedan establecer hechos científicos relativamente estables.

Esto, sin duda alguna, marca una diferencia en cuanto a la forma de entender la ciencia, pues a pesar de que se investiga sobre el cerebro con el objeto de dilucidar cómo funciona y a partir de allí explicar cómo funcionamos y por ende acercarnos mejor a quienes somos, no se aspira a construir verdades universales, en tanto que los científicos están conscientes de que una serie de variables psicológicas, biológicas, históricas y sociales, algunas veces controlables y otras veces no, intervienen en su funcionamiento. Como consecuencia, los resultados de un experimento pueden ser validos en un contexto espacio-temporal determinado, más no en otro. Finalmente, la revisión bibliográfica emprendida permite afirmar, a grandes rasgos, que los objetivos de la neurociencia están relacionados con:

1.       Describir la organización y funcionamiento del sistema nervioso, particularmente del cerebro humano.
2.       Determinar cómo el cerebro se formó en la evolución y cómo se "construye" durante el desarrollo infantil.
3.       Encontrar medios para prevenir y curar enfermedades neurológicas y aquellas enfermedades psiquiátricas que tienen base orgánica.

El Cerebro desde la Neurociencia

El cerebro es un órgano de consistencia semisólida que se adapta a la forma de su contenedor, que es el cráneo. Tiene forma ovoide, con la extremidad posterior más ancha. Pesa alrededor de 1400 grs. en el hombre y 1200 grs. en la mujer. El cerebro ocupa la parte antero superior del encéfalo, casi la totalidad de la caja craneal, su parte superior (convexidad del cerebro), se corresponde con la bóveda craneal, y su parte inferior (base del cerebro) con el compartimiento anterior y medio de la base del cráneo (Giménez-Amaya y Murillo, 2007). El encéfalo se protege del medio externo por medio de tres barreras: cráneo que es la principal barrera en contra del trauma físico, las meninges y el LCR. Las características y datos del cerebro humano son sencillamente excepcionales, aparentemente increíbles y casi imposibles de imaginar. Algunos de ellos, tomados de Eccles (1973) y Hainer (1968), son:

·         El cerebro representa sólo el 2% del peso del cuerpo, pero consume el 20% de su energía.
·         Está conformado por unos 10 a 15 mil millones de neuronas, las cuales se interconectan con otras por un número de sinapsis que va de varios centenares a más de 20.000.
·         El tiempo de activación entre dos sinapsis es inferior a un milisegundo.
·         Una estimación moderada de la frecuencia de impulsos entre los dos hemisferios supera los 4000 millones por segundo, llegando el no consciente de uno a diez millones de bits por segundo.
·         Toda experiencia sensorial es registrada en el aparato neuronal y posteriormente podría ser evocada, si se dan las condiciones y estímulos propicios.
·         Aparentemente, el cerebro utiliza el principio holográfico para el almacenamiento de información, de modo que, registrando únicamente una sección del evento o experiencia, puede emular la totalidad.

Szentágothai (1975), basándose en extensos estudios microestructurales, ha desarrollado la idea según la cual tanto en la estructura como en la función de todas las áreas de la corteza cerebral se componen de unas 10.000 neuronas de diferentes tipos, especialmente excitadoras e inhibidoras, y toda la maquinaria neuronal de la corteza cerebral humana posee de uno a dos millones de módulos o engramas. Tienen un sistema propio de generar energía interna, asegurando la delimitación del entorno mediante su acción inhibidora sobre los módulos adyacentes, de modo que cada módulo puede actuar sobre cientos de otros, recibiendo a su vez la acción de ellos.

Entre las muchas realidades importantes en el funcionamiento del cerebro, hay un hecho sumamente relevante que conviene subrayar: las vías de los órganos receptores que van al cerebro nunca son directas, sino que siempre hay conexiones sinápticas de una neurona a otra. Una neurona sólo lleva el "mensaje" de un extremo al otro de su axón. Por lo tanto, cada uno de estos estadios da cierta oportunidad de modificar la codificación del "mensaje" procedente de los receptores sensoriales.

Todos creemos vivir directamente inmersos en el mundo que nos rodea, sentir sus objetos y acontecimientos con precisión y vivir en el mundo real y ordinario. Afirmo que todo eso no es más que una ilusión perceptiva, dado que todos nosotros nos enfrentamos al mundo desde un cerebro que se halla conectado con lo que está 'ahí fuera' a través de unos cuantos millones de frágiles fibras nerviosas sensoriales. Esos son nuestros únicos canales de información, nuestras líneas vitales con la realidad. Estas fibras nerviosas sensoriales no son registradores de alta fidelidad, dado que acentúan ciertas características del estímulo, mientras que desprecian otras. La neurona central es un contador de historias, por lo que respecta a las fibras nerviosas aferentes, y nunca resulta completamente fiable, permitiendo distorsiones de cualidad y de medida en una relación espacial forzada aunque isomórfica entre 'fuera' y 'dentro'. La sensación es una abstracción, no una réplica, del mundo real (Mountcastle, 1975: s/p).

El pensamiento moderno y la Neurociencia

Para dilucidar esta relación debe mantenerse presente aspectos que fueron señalados anteriormente, como el hecho de que durante las últimas décadas del siglo XX el estudio del cerebro en las ciencias biológicas y psicológicas pasó de una posición periférica a ocupar una posición central. Pero, ¿Qué es lo que ha permitido la gradual incorporación de la neurociencia en el núcleo central de la biología y su posterior alineación con la psicología? Autores como Kandel y Squire defienden que el surgimiento de la neurociencia celular y molecular, por una parte, y el fortalecimiento de la psicología científica, por otra, ha permitido la ruptura de muchas barreras teóricas, conceptuales e incluso metodológicas para poder, finalmente, abordar el estudio de la mente y del cerebro desde el núcleo de ambas disciplinas.

En lo referente a la biología, a principios del siglo XX resultaba una tarea ardua el intentar comprender cómo el cerebro se desarrolla y es capaz de percibir, pensar, realizar movimientos e incluso recordar la información previamente aprendida. Paulatinamente, la neurociencia ha ayudado a entender el sistema nervioso como un sistema que está bajo el control de diferentes procesos biológicos universales, cuyo estudio es fácilmente abordable por el conocimiento de la tradición biológica.

Respecto a la psicología, a comienzos del siglo XX parecía muy pretencioso y reduccionista intentar abarcar los procesos mentales desde una concepción puramente neural. No obstante, el desarrollo de diversos trabajos de la década de los 50’s y de los 60’s, así como la aparición de técnicas que permitían el estudio del cerebro humano bajo diferentes condiciones sensoriales y cognitivas, han mostrado que a través de la exploración del sistema nervioso se puede llegar a conocer los procesos cognitivos que intervienen entre estímulos y respuestas.

Así, en los últimos años se ha ido vislumbrando una compleja amalgama de relaciones teóricas y metodológicas entre los diferentes campos que han contribuido, con una perspectiva interdisciplinaria, a potenciar el estudio científico del sistema nervioso y sus implicaciones. A veces, puede resultar difícil distinguir el límite entre las contribuciones y los objetos de estas disciplinas. De este modo, en los últimos años han ido surgiendo cantidades importantes de trabajos enmarcados dentro del campo de la neurociencia cognitiva, delimitándose como una disciplina nueva claramente diferenciada del resto de las aproximaciones científicas existentes.

Partiendo de esta conceptualización, se puede asumir que la diferencia más importante que puede establecerse, dentro de esta nueva perspectiva de estudio y sus diferentes aproximaciones, es el nivel de análisis que se utiliza. De este modo, algunas líneas de pensamiento sugieren que la neurociencia cognitiva utiliza un nivel de análisis más holístico. El análisis exhaustivo de los procesos mentales a través del estudio de las neuronas, de los circuitos y de los sistemas cerebrales ha proporcionado nuevos modelos que han servido para guiar el trabajo experimental, tanto en biología como en psicología.

Algunos autores –como Kandel y Squire- sugieren que para que la neurociencia pueda solventar los problemas abordados por las ciencias biológicas y psicológicas se necesitarán nuevas aproximaciones moleculares y celulares y su uso en conjunción con los sistemas conductuales y cognitivos. De esta manera, seremos capaces de relacionar determinados sucesos moleculares y cambios específicos en el interior de las neuronas con procesos mentales como la percepción, la memoria, el pensamiento o, incluso, la conciencia, según expresan. Así, esta relación entre pensamiento y neurociencia implicaría, según su opinión, un acercamiento biopsicológico a la neurociencia, lo cual potenciaría un enfoque biológico del estudio de la psicología, y no al revés, es decir, una perspectiva psicológica del estudio de la biología.

Cerebro Triuno

En este contexto histórico en el que el físico y neurocientífico norteamericano Paul McLean (1913-2007), considerado uno de los grandes científicos del siglo XX y pionero en el área de la neurociencia, propone la teoría del cerebro triuno. Esta teoría propone que el cerebro del ser humano está constituido por tres sistemas o sub-cerebros compuestos a su vez por un conjunto de estructuras neuronales: el reptilino, el sistema límbico y la neocorteza. MacLean (En: Beauport y Díaz: 1998) afirma que estos sistemas son radicalmente diferentes en cuanto a química y estructura, constituyendo “una jerarquía de tres cerebros en uno”, cada uno de los cuales posee una inteligencia especial, su subjetividad, su propia percepción de tiempo y espacio, su propia memoria, etc.

Dentro de todas estas estructuras mentales se encuentran inteligencias, las cuales pueden ser aprendidas y aplicadas tal como los procesos de racionalidad. La relación entre estos cerebros implica que el todo es más que la suma de sus partes, ya que las relaciones de estos permiten guiarnos a la plenitud de la conciencia humana. La estructura del cerebro triuno es comparable la forma de capas de una cebolla, ya que cada uno de estos se superpone al otro, dando como resultado un órgano que física, química, y biológicamente es tres en uno:

·         En la región inferior de la cabeza, alrededor de una estructura llamada "tallo cerebral" se encuentra un antiguo mecanismo neural que los seres humanos comparten con los reptiles. Por eso se le llama reptil, instintivo ó básico, ya que es allí donde se asientan y ejecutan los programas básicos de la vida: los instintos y pulsiones, los cuales cuidan de la supervivencia física.
·         Rodeando esa área, hay una capa superior que forma el "sistema límbico", el cual comparten en mayor o menor medida los mamíferos, que es donde se asienta la afectividad, rituales, juegos, etc., cuidando de la supervivencia social.
·         Por encima y alrededor del sistema límbico está la última capa denominada "neocorteza", que comparten seres humanos, chimpancés y delfines, siendo éste el asiento del pensamiento. Está formada por los hemisferios izquierdo y derecho, y cumple con la función de pensar, imaginar, crear, anticipar y mantener la conciencia alerta.

Cerebro Reptil

Constituye un mecanismo neuronal, el más antiguo del cerebro, que ejecuta los programas básicos de la vida y es típico de los reptiles. Es un sustrato donde se ubican los instintos y los cambios psicológicos necesarios para asegurar la supervivencia y en consecuencia la subsistencia de la especie, tales como: comer, beber, temperatura corporal, sexo, territorialidad, necesidad de cobijo, de protección. Adicionalmente, controla mecanismos fundamentales como la respiración, el ritmo cardíaco, la presión sanguínea e incluso colabora en la continua expansión-contracción de nuestros músculos. El cerebro básico posee una estructura relativamente sencilla y muy arcaica, funciona sobre la base de conductas estereotipadas y repetitivas.

Las conductas del sistema "reptil" son difíciles de modificar porque son pre-programadas, inconscientes y automáticas. El Individuo nace con ellas. Sólo una capacidad de razonamiento bien desarrollada puede analizar, asumir responsablemente las conductas del sistema "reptil" y sus consecuencias. Esta parte del cerebro está formada por los ganglios basales, el tallo cerebral y el sistema reticular. Este cerebro no está en capacidad de pensar, ni de sentir; su función es la de actuar cuando el estado del organismo así lo demanda. Algunos autores han determinado seis formas generales de comportamiento asociadas con el cerebro reptil: rutinización, imitación, comportamiento básico o tropismo, repetición, actuar de nuevo y engañar.

Con respecto a la imitación plantean que es la habilidad que tenemos de emitir una conducta o ejecutar un comportamiento visto en otra persona considerada exitosa a fin de alcanzar dicho éxito, motivo por el cual, esta característica está íntimamente relacionada con la necesidad básica de los humanos de ser aceptados por otros, y así poder pertenecer a un grupo social con lo que se aumentan las probabilidades de autopreservación.

Por otro lado, el comportamiento innato tiene que ver con la respuesta incontrolada que emite una persona ante un determinado estímulo, y está determinada por “huellas” que no son más que los recuerdos de una persona o de un momento o momentos determinados en la vida del individuo que lo marcan de por vida (Beauport y Díaz, 1987). En este mismo orden, la decepción o comportamiento engañoso resulta un comportamiento básico y fundamental para la sobrevivencia en tanto le permite al individuo aplicar las estrategias adecuadas para alcanzar una meta determinada de la misma manera que un jugador de cualquier deporte engaña al del equipo contrario, o los ejércitos en la guerra cuando utilizan estrategias de engaño para confundir al enemigo a fin de ganar en tiempo y espacio o cumplir con las metas requeridas para alcanzar la victoria.

En cuanto a las rutinas, consideradas simplemente como actividades o el conjunto de ellas que un ser vivo ejecuta de manera constante, resultando en algunas ocasiones importantes y en otras fundamentales para la supervivencia. En síntesis se puede decir que el cerebro reptil es el que se ocupa de generar patrones de comportamiento afines con estadios de confort, en los cuales el ser humano pueda desenvolverse de manera cómoda y constante. Por este motivo, el establecimiento de rutinas, los comportamientos innatos, la repetición y la reconstrucción, considerados inconscientes en tanto su establecimiento no necesariamente tiene que ver con aspectos razonables, son los comportamientos que en mayor medida nos acercan al resto de los animales con los que compartimos el mundo.

Cerebro Límbico

En un nivel superior de evolución se encuentra el llamado cerebro límbico. Este cerebro se empieza a desarrollar incipientemente en las aves y totalmente en los mamíferos. Se ubica físicamente encima del reptil, específicamente alrededor de la frontera o borde entre el telencéfalo y el diencéfalo, de ahí el término límbico, en latín limbus que significa “borde”. Permite al mamífero un desarrollo sentimental que opera, fundamentalmente, desde la estructura conocida como la Amígdala, y es ello lo que les permite establecer relaciones de mayor fidelidad que los reptiles. Está constituido por seis estructuras: el tálamo (placer-dolor), la amígdala (nutrición, oralidad, protección, hostilidad), el hipotálamo (cuidado de los otros, características de los mamíferos), los bulbos olfatorios, la región septal (sexualidad) y el hipocampo (memoria de largo plazo). En estas zonas están las glándulas endocrinas más importantes para el ser humano: pineal y pituitaria. En este sistema se dan procesos emocionales y estados de calidez, amor, gozo, depresión, odio, etc.

Puede ser considerado como el cerebro afectivo, el que energiza la conducta para el logro de las metas. El desbalance de dicho sistema conduce a estados agresivos, depresiones severas y pérdida de la memoria, entre otras enfermedades. La investigación en esta área parece apoyar la noción de que toda la información que penetra al organismo es supervisada y controlada por el sistema límbico que trabaja en sintonía con el reptil, lo cual constituye una función vital para la sobrevivencia. Este segundo cerebro, es el que permite sentir. Su carácter más específico desde el punto de vista temporal es la capacidad de poner el pasado en el presente (aprender, memoria).

En relación con las emociones se puede considerar como sumamente pertinente el planteamiento de Beauport y Díaz (1987), para quienes el conocimiento de su importancia permite concederles un estatus que anteriormente era otorgado solamente a los pensamientos y las acciones. Pero las emociones son constructos mentales no racionales en tanto que no son el resultado de una construcción lógica, y al igual que el cerebro reptil puede determinar una decisión en una situación extrema y ser correcta a pesar de una apariencia inconsistente y/o irracional.

Neo-corteza

Los mamíferos modernos, los primates, y algunos cetáceos tienen un cerebro mucho más desarrollado que los mamíferos primitivos, por lo cual, además de los sentimientos, manejan un proceso de mayor entendimiento, que está directamente relacionado con el desarrollo de la corteza cerebral, donde se encuentra uno de los mayores desarrollos del cerebro dentro de la escala evolutiva. La ciencia ha demostrado la relación directa entre el desarrollo de la corteza cerebral y el desarrollo social. Hay en los primates una correspondencia directa entre los dos aspectos, de manera tal que a mayor desarrollo de la corteza cerebral en las especies de primates, mayor desarrollo social: sociedades más complejas y organizadas.

Los humanos poseen un cerebro mucho más especializado que los primates, por lo cual, además de sentimientos, manejan un proceso racional de entendimiento y de análisis, ampliamente superior al de todos los demás mamíferos, directamente relacionado con las partes más especializadas de la neo-corteza, específicamente su región frontal, que les permite adquirir conocimientos, desarrollar sociedades, culturas, tecnologías y lo más importante: conocer el universo.

El Sistema Neocortical o neo-corteza es el lugar donde se llevan a cabo los procesos intelectuales superiores. Está estructurado por el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho aunque existe otra división que no excluye la teoría de los hemisferios y que se fundamenta en la existencia de lóbulos (frontal, parietal, occipital y temporal). Empero, indistintamente de la división que se utilice, la intención de hacerlo es la de establecer qué zona específica del cerebro se ocupa de qué actividad, siendo Gall y Broca los pioneros en el establecimiento de estos criterios en el siglo XIX. De acuerdo a ello se considera, por ejemplo, que el hemisferio izquierdo es el encargado de todos los procesos mentales relacionados con los aspectos lógico-racionales de la vida, mientras que el derecho está más bien dedicado a los aspectos creativos y artísticos.

El hemisferio izquierdo, que es consciente, realiza todas las funciones que requieren un pensamiento analítico, elementalista y atomista; su modo de operar es lineal, sucesivo y secuencial en el tiempo, en el sentido de que va paso a paso; recibe la información dato a dato, la procesa en forma lógica, discursiva, causal y sistemática y razona verbal y matemáticamente, al estilo de una computadora donde toda "decisión" depende de la anterior; su modo de pensar le permite conocer una parte a la vez, no todas ni el todo; es predominantemente simbólico, abstracto y proposicional en su función, poseyendo una especialización y control casi completo de la expresión del habla, la escritura, la aritmética y el cálculo, con las capacidades verbales, semánticas, sintácticas, lógicas y numéricas.

El hemisferio derecho, en cambio, que es siempre inconsciente, desarrolla todas las funciones que requieren un pensamiento o una visión intelectual sintética y simultánea de muchas cosas a la vez. Por ello, este hemisferio está dotado de un pensamiento intuitivo que es capaz de percepciones estructurales, sincréticas, geométricas o gestálticas, y puede comparar esquemas en forma no verbal, analógica, metafórica, alegórica e integral. Su manera de operar se debe, por consiguiente, a su capacidad de aprehensión estereognósica del todo, a su estilo de proceder en forma holística, compleja, no lineal, tácita, simultánea y acausal. Esto le permite orientarse en el espacio y lo habilita para el pensamiento y apreciación de formas espaciales, el reconocimiento de rostros, formas visuales e imágenes táctiles, la comprensión pictórica, la de estructuras musicales y, en general, de todo lo que requiere un pensamiento visual, imaginación o está ligado a la apreciación artística.

La velocidad de trabajo y procesamiento de información de ambos hemisferios es totalmente diferente: mientras el sistema nervioso racional consciente (hemisferio izquierdo) procesa apenas unos 40 bits (unidades de información) por segundo, la plena capacidad de todo el sistema nervisoso inconsciente (asentado, en su mayor parte, en el hemisferio derecho, el cerebelo y el sistema límbico) alcanza -como ya señalamos- de uno a diez millones de bits por segundo (Hainer, 1968).

Las áreas comprometidas de la corteza son aquellas que desempeñan funciones específicas; así, las áreas sensoriales y motoras están comprometidas desde el nacimiento con esas funciones, mientras que las áreas dedicadas a los procesos mentales superiores son áreas no comprometidas, en el sentido de que no tienen localización espacial concreta, y su función no está determinada genéticamente. La mayor parte de la corteza cerebral de los animales está comprometida con las funciones sensoriales y motoras, en el hombre sucede lo contrario: la mayor parte de su cerebro no está comprometida, sino que está disponible para la realización de un futuro no programado. Por otro lado, la neocorteza se convierte en el foco principal de atención en las lecciones que requieren generación o resolución de problemas, análisis y síntesis de información, del uso del razonamiento analógico y del pensamiento crítico y creativo. Las dos características básicas de la neo-corteza son:

1.       La "visión", la cual se refiere al sentido de globalidad, síntesis e integración con que actúa el hemisferio derecho.
2.       El análisis, que se refiere al estilo de procesamiento del hemisferio izquierdo, el cual hace énfasis en la relación parte-todo, la lógica, la relación causa-efecto, el razonamiento hipotético y en la precisión y exactitud.

La neocorteza representa la adquisición de conciencia y se desarrolló a través de la práctica del lenguaje. La voluntad consciente. Las tareas no sensoriales se realizan en los lóbulos frontales. La aparición de los calendarios implica que los seres humanos comenzaron a desarrollar progresivamente la capacidad de anticipar, planificar y visualizar, de poner el futuro posible en el presente. Mientras que los animales, sobre todo los mamíferos son capaces de desarrollar emociones y aprender, la capacidad de poner el futuro en el presente (presente + pasado + futuro), de formas muy elaboradas resulta específicamente humana. Esta posibilidad hace viable la aparición de lo que se ha llamado locura por excelencia: en las psicosis se toma por real lo que no está en el presente, de modo irreducible y sin distanciamiento.

Ambos hemisferio se encuentran interconectados por el cuerpo calloso. Este subsistema que conserva los dos hemisferios trabajando juntos, sugiere por sí mismo que su integración es una función compleja y de gran trascendencia en el desempeño del cerebro. Aunque la actividad del hemisferio derecho es totalmente inconsciente debido a su alta velocidad, tiene, no obstante, una especie de repercusión en el izquierdo. De este modo, la mente consciente que actúa sólo sobre este hemisferio, puede tener un acceso indirecto prácticamente a toda la información que le interesa del hemisferio derecho en un momento dado. Por esta razón, ambos hemisferios tienen una estructura y desarrollan actividades especializadas, pero que se complementan; en efecto, muchas funciones de codificación, almacenamiento y recuperación de información dependen de la integración de estas funciones en ambos hemisferios. Aún más, la complementariedad se encuentra tan radicada en su naturaleza que en los casos de atrofia congénita de un hemisferio, el otro trata de realizar el trabajo de los dos, y -según Sperry- al cortar el cuerpo calloso (impidiendo, con ello, el paso de información de uno a otro), cada hemisferio opera de manera independiente como si fuera un cerebro completo, pero, evidentemente, en forma menos eficiente aun en la realización de sus propias funciones específicas.

Esta estructura morfológica y funcional de dos hemisferios con funciones diferentes y localizaciones precisas para cada función en cada hemisferio cerebral, no es tan rígida en su especialización como se pensó, ya que el cerebro actúa como un holograma en el que cada parte está en el todo y el todo en cada parte, teniendo componentes específicos como los ya vistos, los cuales a su vez son parte del todo cerebral y el todo cerebral se refleja en ellos. Se suponía que el cerebro estaba maduro con la pubertad, ahora se sabe que el joven es inmaduro cerebralmente, y con sorpresa se comprueba con la moderna tecnología de estudio que a mayor edad el cerebro responde mejor y sigue madurando, pues continúa incorporando nuevas neuronas a su actividad de trabajo y red neuronal que, si uno se lo propone será cada vez más amplia. Esto es importante destacarlo con el fin de romper el mito que afirmaba lo contrario.

Se puede describir al cerebro como un sistema procesador de información que genera representaciones internas del mundo externo y de sí mismo. Con su arquitectura y sus leyes los circuitos neuronales se combinan durante la infancia en subredes adecuadas para el logro de una visión del mundo y para el logro de la homeostasis o equilibrio frente a perturbaciones y causas de alarma que dan lugar a estrés. Queda así adaptado o maduro, con las subredes señaladas y la capacidad de cada una en los roles necesarios durante la vida. Según el modelo una vez que una subred se encarga de una tarea, vuelve a aparecer con regularidad cuando su participación y su activación es útil. El modelo supone que las subredes retienen representaciones, no archivos codificados. Dichas representaciones son disposiciones para reactivar patrones distribuidos en las diferentes zonas, que ya han sido seleccionados durante experiencias previas. En general hay bastante consenso que la arquitectura cerebral es una red neuronal muy elaborada con módulos semi-independientes de procesamiento de la información.

Inteligencias Múltiples

Las teorías del cerebro triuno y la de los hemisferios cerebrales permitió el establecimiento por parte del psicólogo norteamericano Howard Gardner de la teoría de inteligencias múltiples determinando en un primer momento las siguientes ocho inteligencias: lógico-matemática, lingüística, espacial, musical, corporal o kinestésica, intra e inter personal, y la naturalista.

Este enfoque rompe con el paradigma de inteligencia pura que hasta el momento se venía teniendo, y que además estaba fuertemente orientado a los aspectos lógico-matemáticos de la realidad, lo que lo hacía insuficiente para explicar por qué algunas personas eran mejor que otras para realizar algunas actividades que exigían más creatividad y arte que lógica y viceversa. De hecho, un acercamiento a esta concepción de la inteligencia ya la había hecho McClellan cuando propone “medir competencia en lugar de inteligencia” en 1973 al criticar fuertemente el uso de test de inteligencia estandarizados como criterio para la selección de personas en las organizaciones, y más específicamente para predecir las probabilidades de éxito en el desempeño laboral de un individuo.

No obstante, es importante reseñar que el constructo de inteligencia propuesto por Gardner supone –entro otros criterios- la existencia de un correlato neurofisiológico que justifique la existencia de ellas. De esta manera cada una de las ocho inteligencias, está ubicada en un lugar determinado de la corteza cerebral y en el caso de que alguna de estas zonas experimentase una lección, se evidenciaría en una disminución de dicha capacidad. Ciertamente las nuevas investigaciones en neurociencia podrían contradecir esta teoría, ya que plantean que el cerebro posee un alto grado de plasticidad o capacidad de reacomodar sus funciones en otros lugares cuando el individuo sufre algún tipo de trauma físico, pero resulta un avance significativo tanto desde el punto de vista biológico como psicológico no sólo comprender mejor el funcionamiento del cerebro, sino también el porqué de alguno de nuestros comportamientos desde el punto de vista físico, lo que ha abierto un gran campo de acción para mejores tratamientos de patologías psiquiátricas por ejemplo. En este sentido podemos tomar la clasificación de las inteligencias múltiples de Beauport y Díaz (1987) de acuerdo a los tres cerebros de MacLean como otro ejemplo taxonómico las inteligencias múltiples:

La Neocorteza
La inteligencia racional: Es el proceso por el cual percibimos información por medio de conexiones secuenciales y que involucra fundamentalmente el uso de la razón, la lógica, la causa y el efecto.
La inteligencia asociativa: es el proceso que nos perite percibir información  a través de conexiones múltiples, que involucran principalmente las asociaciones y la relación.
La inteligencia espacial visual y auditiva: es el proceso de percibir la información a un nivel más profundo, mezclando imágenes, sonido s y otras combinaciones percibidas por los sentidos y por los sistemas cerebrales más profundos.
La inteligencia Intuitiva: Es el conocimiento directo, sin el uso de la razón: conocer desde dentro.
El Cerebro Límbico
La inteligencia Afectiva: Es el proceso por medio del  cual nos dejamos afectar por algo o alguien; y desarrollamos la habilidad de acercarnos a una persona, lugar, cosa, idea o situación.
La inteligencia de los Estados de ánimo: es la capacidad de entrar, mantenerse y salir de cualquier estado de ánimo.
La Inteligencia Motivacional: es la capacidad de estar conscientes de nuestros deseos, y de conocer lo que más nos emociona y nos mueve; la habilidad de mover nuestra vida en función a lo que amamos.
Cerebro Básico
La Inteligencia Básica: es la capacidad de movernos hacia algo o alejarnos de ello; ser capaces de imitar o de inhibirnos ante algo o alguien en beneficios de nuestra vida.
La inteligencia de los patrones: es la capacidad de conocer los patrones que gobiernan nuestro comportamiento y ser capaces de alterarlos cuando sean necesarios.
La inteligencia de parámetros: es la capacidad de reconocer, extender o transformar los ritmos, rutinas y rituales de nuestra vida.

La conciencia sobre las inteligencias múltiples les da la oportunidad a los nuevos pensadores que se conviertan en gerentes que pueden trabajar con cada una de las unidades y con el conjunto como integralidad, dándole la posibilidad de direccionar sus capacidades en función a las necesidades. Hoy día existe una vasta literatura tanto sobre cerebro triuno como sobre inteligencias múltiples, en su mayoría escrita por psicólogos y educadores, en la que podremos encontrar diversas clasificaciones y taxonomías sobre inteligencias múltiples. Empero indistintamente de cómo se les llame o clasifique, las inteligencias estarán determinadas básicamente por elementos genéticos, psicosociales y a la historia de vida de cada individuo.

Dinámica de la Inercia Mental

Al nacer, toda persona se inserta en un historial que no es personal, una corriente de pensamiento, en una tradición, en un idioma, a partir de lo cual comprende e interactúa con el mundo que le rodea. Esto produce una primera diferencia entre el hombre y el resto de los animales: estos últimos se insertan y permanecen siempre el mundo de la realidad, mientras que el primero lo hace en un universo simbólico. Por todo ello, la dinámica psicológica de nuestra actividad intelectual tiende a seleccionar, en cada observación, no cualquier realidad potencialmente útil, sino sólo aquella que posee un significado personal. Este significado personal es fruto de nuestra formación y experiencia previa. De este modo, podemos decir que tendemos a ver lo que esperamos ver, lo que estamos acostumbrados a ver o lo que nos han sugerido que veremos. En consecuencia, no sabemos hasta donde lo que percibimos es producto de nosotros mismos y de nuestras expectativas culturales y sugestiones aceptadas.

Lo que se puede observar, depende casi en su totalidad de la formación, las expectativas y la comprensión del observador, así como la teoría del instrumento del caso, lo cual llevará a interpretar ciertos ruidos, líneas onduladas, garabatos o sombras a través de un microscopio como algo significativo. Todo conocimiento tiene un sujeto, se da en un sujeto y, por lo tanto, todo conocimiento es también “subjetivo”, aun cuando trate sobre objetos exteriores. Los objetos exteriores son más “objetivables” en cuanto se trata de cosas materiales, pero si la realidad del objeto es inmaterial, esta capacidad de objetivilidad se ve reducida. En todo caso, el conocimiento será siempre el resultado o fruto de una interacción entre ambos componentes: imagen física de la realidad exterior y contexto personal interior.

El dato o señal que viene de la apariencia del objeto de las palabras de un interlocutor o de nuestra memoria, activa un bloque de conocimientos, y esta adscripción del signo o dato en una clase de experiencia o categoría le da el “significado”, permite su interpretación. Todo lo que tiene lugar detrás de la retina es una “operación intelectual” que se base en gran medida en experiencias no visuales. Son las personas las que ven, no sus ojos; lo percibido y su significado tienden naturalmente a depender de nuestro mundo anterior. De aquí la necesidad de tomar conciencia de nuestros presupuestos epistemológicos y del papel que juegan en nuestra percepción y adquisición de conocimientos, ya que la estructura cognoscitiva moldea, informa y da estructura a lo que entra por nuestros sentidos. Esto difícilmente podría ser de otra forma, ya que de no ser así, nuestra mente sería como la de un niño, incapaz de trascender a lo meramente físico y estaríamos limitados a este mundo.

Aplicando esto al campo de la investigación científica, se puede establecer que no existen hechos objetivos inviolables o no interpretados, ya que toda observación, por muy rigurosas que sea, está cargada de teoría que a su vez determina no solamente que es lo que se observa, sino que factores investigar, en qué condiciones hacerlo, con qué instrumentos investigar y especialmente cómo interpretar los resultados obtenidos.

El mayor desafío para la mente humana es pensar en nuevas categorías, en principio, porque implica romper con estructuras de pensamiento que tienden hacia la autoconservación imponiendo gran resistencia al cambio. En este sentido, es necesario tomar conciencia de que todo entrenamiento constituye siempre, e ineludiblemente, una cierta incapacidad entrenada, es decir, que cuanto más aprendemos cómo hacer algo de una determinada manera, más difícil nos resulta después a hacerlo de otra. La epistemología actual nos hace ver que persisten en la ciencia tradicional muchas actitudes y procedimiento que, rigurosamente hablando, sólo podemos ubicar en el terreno de los hábitos mentales.

Así se deben calificar, en las ciencias humanas, las explicaciones causales lineales cuando se les otorga un valor absoluto (ya que carecen de evidencia), las leyes de probabilidad (que son leyes a medias), la plena objetividad (que no existe), la inferencia inductiva (que es injustificable), la verificación empírica (que es imposible) y otros aspectos centrales de la ciencia clásica cuando se cree ciegamente en ellos (Martínez Miguelez, 2009: 49).

Consecuentemente, la imposición de una normativa metodológica ha sido denunciada como la responsable de asfixiar y sofocar la creatividad, y la causante de la esterilidad intelectual, ya que reduce todo a caminar por donde ya se caminó, a explorar como antes se exploró, a pensar como antes se pensó y, en síntesis, a no hacer nada que antes no se haya hecho, cortándole, de esta manera, las alas y el vuelo a la mejor imaginación creativa y al pensamiento original y productivo. Ante esta situación, se debiera tener siempre presente que no se puede disponer de una camino seguro y cierto para ir a un lugar que todavía se desconoce. Una metodología puede ser útil y facilitar el proceso de búsqueda; no obstante, la mayoría de las técnicas metodológicas están enfocadas más en lo ya recorrido que en lo por recorrer, pues han sido modelados con el presupuesto de que lo desconocido será más o menos, igual a lo conocido. De esto, lo más criticable y negativo es el de que esas metodologías –subjetivas y falibles- son convertidas en criterio único de verdad.

En la medida en que el método científico evada la autojustificación, impida la autocrítica y elimine toda posibilidad de refutación, se convertirá en meras técnicas repetitivas de lo ya realizado. Así, aquellos a quienes ni siquiera se les ocurre que es posible estar equivocados no pueden aprender otra cosa que habilidades prácticas. Esto, como problema, se refuerza si se mira a la luz de las recientes investigaciones neuropsíquicas sobre la interacción de los hemisferios cerebrales y sobre la creatividad, las cuales nos alertan seriamente de la instalación de una actividad inhibidora: cierta clase de actividad excesivamente analítica y racionalista del hemisferio izquierdo puede suprimir directamente, a través del cuerpo calloso, la acción intuitivo-creativa del hemisferio derecho o impedir que el producto de éste sea accesible a aquél, es decir, que llegue a ser consciente, lo que se traduciría sencillamente en la fundamentación del fracaso de nuevas intuiciones. Evitar este fracaso consiste llanamente en emplear el aspecto no consciente de nuestro cerebro, entrenar y ejercitar una parte que no ha sido desarrollada tradicionalmente en el modelo científico, pero para ello es necesario comprender el órgano fundamental para la generación del conocimiento: el cerebro.

En síntesis, lo que se denomina inercia mental es la dificultad que tiene el cerebro para modificar el estado previo de conocimientos o de asimilar los nuevos. Esto quiere decir que la inercia mental no es más que la dificultad que experimentan algunas personas por diversas causas (fisiológicas o psicológicas) para incorporar nuevos conocimientos o para reestructurar los ya existentes. Esto resulta particularmente negativo en estos tiempos en los que las nuevas tecnologías informáticas y telemáticas están impulsando la generación de nuevos conocimientos a una velocidad vertiginosa.

Dinámica del Conocimiento Creativo

Por otro lado el pensamiento creativo implica la generación de nuevas formas, de nuevas estrategias para abordar la realidad cuando las ya existentes resultan insuficientes o no brindan las respuestas que se buscan. Este pensamiento a pesar de estar más relacionado con el lado derecho del cerebro en tanto exige de estrategias más complejas que las que puede ofrecer la lógica, más allá de estar influenciado por un hemisferio u otro del cerebro, está realmente relacionado con el cuerpo calloso, pues es la zona del cerebro que interconecta ambos hemisferios, y a pesar de no cumplir con una función específica (en tanto lógica o creativa) funge como puente entre ambos hemisferios lo que redunda en una utilización más compleja de las herramientas cognitivas de las que dispone el individuo para afrontar la realidad y responder las preguntas que le afectan. El proceso creador, en acción, sigue una dinámica constituida por varias etapas o pasos, cuya naturaleza y secuencia podemos ordenar integrando una gran variedad de aportes de las diferentes neurociencias.

Motivación inicial: En primer lugar, debe existir una motivación o interés específico centrado en un área determinada, que tiene un gran significado intelectual o emocional para nosotros. Solamente así, la mente inicia la tarea de buscar y recuperar recuerdos, palabras, expresiones, ideas, sucesos, imágenes, melodías, etc., sondeando y escudriñando activamente los dispositivos modulares abiertos o semiabiertos para integrar su contenido en un recuerdo reconocible, rico en significación personal.

Exploración del contenido de los módulos abiertos: En esta actividad, la mente actúa remota y lentamente, sin potencia coercitiva, sobre una amplia extensión de módulos de la corteza cerebral, en los cuales está codificada la información: aunque necesita aproximadamente sólo un milisegundo la transmisión de una neurona a otra, la mente autoconsciente emplea, sin embargo, unos 800 milisegundos para ejecutar una orden. Este tiempo, relativamente largo, de incubación lo emplea en sondear la disposición y contenido de los módulos abiertos o que tengan cierto grado de apertura, es decir, que sintonizan con sus intereses actuales; pero, a través de su acción sobre los módulos abiertos, puede influir sobre los cerrados que tengan cierta semejanza de contenido, y al actuar sobre todos estos módulos del hemisferio izquierdo, consciente, puede sondear también el contenido de los módulos del derecho, inconsciente, e incorporar e integrar su riqueza y significación propia. Le es posible realizar esta acción a través de las fibras del cuerpo calloso que conectan las áreas simétricas de ambos hemisferios, y por el efecto de reverberación que existe entre los módulos de ambos hemisferios que tienen contenidos relacionados. Así, la mente autoconsciente, en fracciones de segundo, puede sondear cientos de miles de unidades independientes y sintetizar su gran diversidad haciendo de ella una unidad de experiencia consciente.

Papel activo de la mente autoconsciente: En nuestro cerebro existe una especie de división en jerarquías de controles: los resultados de primer orden o nivel son revisados críticamente por la mente autoconsciente, es decir, la mente consciente de sí, autorreflexiva, y, así, se forma un segundo orden, como sucede cuando el yo observa las ilusiones ópticas y se hace críticamente consciente de que "tiene" una ilusión y de que debe superarla, o cuando reconoce que un nombre o un número no es correcto y ordena un nuevo proceso de recuerdo, etc. De esta manera, en un sistema abierto de sistemas abiertos, como es el cerebro humano, el yo se va ubicando y conserva siempre la mayor altura en esta jerarquía de control, es decir, la mente autoconsciente tiene una función maestra, superior, interpretativa y controladora, en su relación con el cerebro, ya que acepta o rechaza, usa o modifica, valora y evalúa los contenidos que le ofrece el cerebro de relación.

Interacción en el sistema cognitivo-afectivo: De una importancia capital es la relación entre el sistema límbico o lóbulo límbico y el neocórtex prefrontal, es decir, entre el sistema emotivo y el cognitivo, unidos a través de una gran red de canales de circulación en ambas direcciones. El sistema límbico abarca un ensamblaje extremadamente complejo de estructuras, cuya plena comprensión, tanto estructural como funcional, no ha sido aún alcanzada. Sabemos, sin embargo, muy bien que el sistema límbico da un colorido emocional cambiando en gran medida las percepciones conscientes y, viceversa, que, mediante la corteza prefrontal (sistema consciente), el sujeto ejerce una influencia de control sobre las emociones generadas por el sistema límbico. Es más, hoy día se avanzan teorías que los consideran como un solo sistema, la estructura emocional-cognitiva, ya que hay vías de complicada circulación que van desde las entradas sensoriales al sistema límbico y luego, de ahí, al lóbulo prefrontal, regresando de nuevo al sistema límbico y, posteriormente, una vez más, al lóbulo prefrontal.

Influencia del pasado y vivencia del Eureka: Nuestra mente autoconsciente puede buscar en la memoria los datos e ideas apropiados para la solución de un problema y luego relacionarlos, pero esto casi siempre lo hace comparando el planteamiento del problema con nuestra estructura cognoscitiva previa, la cual activa las ideas antecedentes pertinentes y las soluciones dadas a problemas anteriores parecidos que, a su vez, son reorganizadas y transformadas en forma de proposiciones de solución al nuevo problema que se plantea. Ahora bien, cuando la solución del problema exige relaciones o estructuras novedosas u originales, la mente consciente fácilmente fuerza las cosas en la dirección errónea, en la dirección de lo conocido, de lo viejo, de lo ya sabido, es decir, nos lleva por un camino estéril. Sin embargo, este esfuerzo no es inútil, al revés, puede ser muy provechoso, pues selecciona muchas ideas pertinentes que, de alguna manera, pueden tener conexión con el problema.

Estas ideas, cuando la mente consciente deja de forzarlas en una determinada dirección, se unen entre sí y con otras pertinentes y adecuadas que ellas movilizan por un proceso inconsciente y de acuerdo a su propia naturaleza; no es que se enlacen al azar, pues el azar no es creativo. La unión de estas ideas por sus características y naturaleza y a un nivel preconsciente o subliminal, da como resultado el hallazgo, la invención o el descubrimiento creativos. Pudiéramos decir que un conocimiento que ya existe, pero en forma inconsciente, se hace consciente a través de la "intuición". No de otra manera se podrían explicar los hechos que hacen ver que esos resultados aparecen durante momentos de reposo, pero, ordinariamente, después de un trabajo mental duro y laborioso sobre los mismos y tras repetidos rechazos insatisfactorios. Los grandes descubrimientos y creaciones científicas se efectuaron precisamente en estas condiciones, es decir, cuando sus autores se encontraban relajados físicamente, con los ojos cerrados, tranquilos y en actitud de ensueño (Arquímedes, Newton, Darwin, Poincaré, etc.).

Desde luego, la intuición no es infalible. Ningún conocimiento humano lo es. Pero el proceso intuitivo, que se desarrolla más allá del umbral de la conciencia, puede seguir una lógica implícita, imposible de captar a nivel consciente, debido a la complejidad y rapidez de las relaciones que están en juego. Predomina en nosotros ampliamente el cerebro izquierdo, lo correcto es lograr el justo equilibrio entre ambos cerebros como lo destaca el investigador Robert Ornstein al considerar que quien usa más el cerebro izquierdo es analítico y racional y quien emplea más el cerebro derecho es intuitivo; se necesita buscar el equilibrio entre lo racional y lo intuitivo.

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